Lorenzo Rivera mira todos los días al cielo. Cuando se levanta, escruta las nubes en busca de atisbos de lluvia. Nada. Y así, semana tras semana. “Ya no hay solución, este año hemos perdidodos tercios de la cosecha, llevo toda la vida en el campo y nunca había visto una sequía igual”, se lamenta este agricultor de Peleas de Abajo,
en Zamora.
Hasta marzo, explica, “todo iba bien”. Las simientes de los guisantes, trigo o colzaarraigaban en la tierra a la espera de la humedad de la primavera para engordar sus frutos. “Pasaban las semanas y no llovía, no llovía… Esperamos a Semana Santa y luego al último fin de semana de abril, pero después ya supimos que no había nada que hacer”, asegura impotente mientras abre con las manos las vainas de guisantes vacías.

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